Santibáñez El Alto es un pintoresco pueblo encaramado a un cerro que lleva su nombre. Arquitectura popular, con casas bajas, surcadas por callejuelas estrechas y empinadas cuestas; recinto amurallado domina todo el campo a los pies del cerro, y aloja en su interior casas, huertos y hasta una plaza de toros con gradas de piedra, donde se dan las fiestas del pueblo. Por lo tanto, antes de comenzar la ruta, recomendamos un paseo por el pueblo.
Desde lo muros de la fortaleza contemplamos una extensa panorámica de la Sierra de Gata, al norte, así como una parte importante del valle del Árrago, al sur. Tenemos a nuestros pies encinares y árboles como almeces, encinas, higueras... y arbustos como hiedras o cornicabras.
Tras alcanzar el ayuntamiento, nos lanzamos por la calle de la derecha abajo. Salimos del pueblo para enfilar un viejo camino empedrado de herradura, jalonados por callejas de muros altos. Las divisiones naturales de las fincas son muy importantes en la vida silvestre, puesto que dan comida a multitud de aves y mamíferos.
Llegamos a una candela, que cerraremos al pasar, donde el camino se suaviza y se abre el paisaje. En la Fuente de la Pica reposamos un rato, contemplando una vista magnífica del pueblo. Comenzamos a ver tinadas con apariencia de casas humanas; sin embargo, debemos darnos cuenta que estamos ante el barrio ganadero de Pajares, morada de vacas y caballos que pastan en la pradera, a la sombra de fresnos y centenarios acebuches, olivos silvestres...
Pasamos por una abrevadero para salir del recinto. Nos adentramos en un retamar abierto, casi sin arbolado alguno, entre bloques graníticos. Alcanzamos un cancela y una casa ganadera a la derecha, para posteriormente vadear un arroyo, con chopos, zarzas, sauces y olmos, justo antes de salir a una gran pista, en donde giramos a la derecha.
Solo unos cientos de metros más allá abandonamos la pista y tomamos la primera que sale a la izquierda, que no abandonaremos hasta llegar a la cola del embalse de Borbollón. El camino discurre entre dehesas de encinas, hábitat de águilas, milanos, ratoneros...
El invierno es la mejor época para los amantes de las aves. Podemos observar el reposo de las bandas de grullas, que se alimentan de bellotas. Además, es fácil sorprender a nutridos grupos de patos, garzas, garcillas y garcetas, zampullines y somormujos, cormoranes... En septiembre podemos tener la suerte de ver cigüeñas negras, en su paso hacia las tierras africanas.
Es desolador el paisaje que muestra las orillas del pantano en épocas estivales. La oscilación del nivel de las aguas en épocas de sequía deja una ceja desnuda sin vegetación alguna.
Regresaremos por la orilla del embalse y cogemos nuevamente nuestra pista, hasta llegar al cruce con la principal. Justo frente a nosotros, vadeamos el arroyo cubierto de tamujos, se inicia el camino de vuelta. Cruza una cancela, y se adentra por el retamar y los granitos, mientras que algunas vacas nos observan con aire alelado. Enseguida estamos en el barrio ganadero, momento que aprovechamos para inspeccionar alguna de las construcciones que dan cobijo a los animales.
Solo nos queda remontar el camino empedrado, tras refrescarnos nuevamente en la fuente de la Pica. Ascendemos relajados, atentos a las evoluciones de las familias de cuervos y a los milanos reales. Tras media hora aproximada de subida, nos encontramos otra vez en el pueblo.